… y encontrábamos aquí este recodo del mundo, éste que fue el Puerto Mayor de la Costa del Pacífico con todo su ámbito legendario, con sus oscuras callejuelas, con sus cerros extraordinarios en que se mezclan la miseria, la alegría y el trabajo como conjunciones conmovedoras.
Encontrábamos aquí la puerta del gran océano, el sitio de los combates marinos, la llegada y la partida de los antiguos barcos que cruzaron el mundo, de los veleros más famosos en la historia de las navegaciones. Todo estaba en las puertas mágicas de Valparaíso. Podríamos tocar con nuestras manos un rincón de la patria de los sueños…
- Pablo Neruda, Discurso Nombramiento Hijo Ilsutre de Valparaíso, 1970.
La Terraza en el Brighton, Diario el País, España 1998
“Yo creo que Valparaíso”, me escribe Andrés Braithwaite, amigo chileno, “no es más que a terraza del Brighton, sus vistas, algunos amigos, alcohol y tabaco, y un par de libros”.
Los libros podrían ser de Joaquín Edwards Bello y de Carlos León, ambos porteños de tomo y lomo, y autores de muy buenas páginas sobre Valparaíso. Edwards Bello, que era de familia con apellido, pero terminó de capa caída, tiene una buena novela, “El viejo almendra”, conocida también por su subtítulo, “Valparaíso, la ciudad del viento”, una especie de relato de iniciación, de aprendizaje, publicado en 1931. Y tres años después publicó “El bombardeo de Valparaíso y su época”, que relata el sitio de la ciudad por la Armada española. Viejo, enfermo, “cansado de la tontera humana” y solitario, a los 82 años tomó el Colt calibre 38 que antes de morir le había entregado su padre “para que se protegiera” y lo utilizó para algo realmente muy práctico: se descerrajó el cráneo con un balazo.
En cuanto a Carlos León, que murió hace 20 años, escribió deliciosas crónicas sobre Valparaíso. “El hombre de Playa Ancha”, por ejemplo. Se pasaba la vida en el café Riquet de la plaza Aníbal Pinto (un café muy antiguo que es ineludible visitar, se pueden comer extravagantes pasteles austriacos y alemanes); era un hombre de un envidiable humor de punta fina, que dicen en Chile. Físicamente, era esmirriado, muy friolero, siempre andaba con abrigo y encendía la estufa en pleno verano. Fue un miniaturista de vidas mínimas, por lo general sombrías. Y frías.
Ciudad de gran orden asimétrico o de gran desorden armónico (como la califica Mónica del Campo, viajera enamorada del puerto), Valparaíso tiene extrañas peculiaridades, como, por ejemplo, esas pasarelas que le permiten a uno, estando en los cerros, ir de una planta baja al techo de una casa vecina, O esos lugares o miradores naturales en los que parece difícil sentirse infeliz: el paseo Atkinson, el paseo Gervasoni y, sobre todo, el paseo Yugoslavo, frente al mar, a 45 metros sobre el nivel de la ciudad y comunicado directamente con el exótico ascensor El Peral. O lo contrario de estos bellos paseos, porque de todo hay en ese atractivo, desconcertante e inolvidable infierno y paraíso de Valparaíso: esos raros, inquietantes miradores plantados en pleno vacío.
La Oreja de Van Gogh en Brighton y Alrededores
Octubre de 2008, la Banda Española "La Oreja de Van Gogh", decide filmar el Video Clip de su Sigle "Inmortal" en las Cercanías del Hotel
Hoteles con Encanto, "Revista Caras 1998"
En uno de los miradores más característicos de Valparaíso, el paseo Atkinson, en el cerro Concepción, se levanta esta antigua casa de estilo Victoriano , remodelada y transformada en un cálido hotel. Con una de las vistas a la bahía mas privilegiadas del puerto, la terraza del Brighton es hoy lugar obligado para el aperitivo al atardecer, degustando los tragos del bar, sobre todo el pisco sour y un bien preparado margarita. Los cuatro pisos de esta casona han sido muy buen aprovechados. En el sótano se ha habilitado una galería de arte, y desde allí se accede a una pequeña terraza, desde la cual se admiran los cerros porteños. En el primer piso está la cafetería, que tiene capacidad para 50 personas, en la que se puede almorzar sábados y domingos. Sin embargo, toda la semana están abiertas la cafetería y el bar, este último hasta la una de la madrugada. La música en vivo no está ausente: los viernes es el turno de la bossa nova, y sábados, de tango, en jornadas que se alargan hasta las dos o tres de la madrugada.
En las dos plantas superiores se sitúan las seis habitaciones de las que se dispone este hotel además de un espacio de desayuno exclusivo para los alojados. La decoración de las piezas es uno de los detalles más seductores del hotel: los muebles son de Pino Oregón y de Roble, y los objetos fueron traídos directamente desde Inglaterra, formando un ambiente de principios de siglo que atrae a los amantes de los espacios íntimos y de las antigüedades. Respetando la atmósfera de tranquilidad.
El Brighton y sus dueños están abocados a la tarea de rescatar el Valparaíso de antaño. Y lo han conseguido con Creces.